La poesía no es de quien la escribe, sino del que la necesita.
Una y otra vez.
Me puse de rodillas y le abrace las piernas, no quería que se fuera. Ella seguía excusándose, y entre sus palabras un te amo tanto destaco. Repitió estas tres palabras una y otra vez, mientras yo intentaba gritar: yo también te amo. Sin embargo creo que mis palabras no llegaron a sus oídos.
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